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Este blog estará siempre abierto a aquellos que de forma independiente y desinteresada deseen aportar su granito de arena para difundir y engrandecer la cutura de la tauromaquia en cualquiera de sus manifestaciones.

martes, 10 de septiembre de 2013

Profesores Universitarios publican un Manifiesto en Favor del Toro de la Vega

En las próximas fechas, el 17 de septiembre, se celebrará una nueva edición del Torneo del Toro de la Vega en Tordesillas.
Como cada año volverá la polémica y la criminalización de un pueblo que comete el grave delito de celebrar su fiesta a su manera.

Sin tratar de imponerla ni exportarla ya son, un año más, objeto de críticas feroces y viscerales.
 

Tengo la fortuna de compartir bastantes ratos con aficionados a la tauromaquia popular, con quienes debato en ocasiones sobre las diferencias que esta tauromaquia tiene con el toreo que a mi me apasiona.
Sin embargo he podido descubrir como en ellos perdura la primigenia esencia de la tauromaquia: la de enfrentarse al toro, hombre y fiera sin más, a cuerpo y sin engaños.

No veo en ellos, porque no la hay, crueldad ni falta de humanidad.
Veo en ellos la verdad desnuda de quien ama al toro hasta el extremo de poner en juego su vida por medirse con él.
Y cada día que pasa me provocan una admiración y respeto mayores.

No es fácil explicar este mensaje en la sociedad actual. 

Renuncio a que lo entiendan animalistas y antitaurinos. No me dirijo a ellos.
Me dirijo a aquellos aficionados que a veces, legítimamente dudan.

- ¡Cómo puede ser que seas aficionado a los toros!
- Pues sí. Lo soy.
- ¿Y defiendes la tauromaquia?
- Pues sí, la defiendo.
-Y entonces, ¿el toro de La Vega también?
-Por supuesto, sin dudarlo.


Os dejo el manifiesto que han publicado un grupo de profesores universitarios en el que argumentan sus razones para la defensa del Toro de La Vega.


MANIFIESTO EN DEFENSA DEL TORO DE LA VEGA

lunes, 2 de septiembre de 2013

Eppur si muove


Foto Arjona publicada en la revista Aplausos

Hoy 1 de septiembre de 2013, después del grandioso festejo televisado de Mérida, abjuro del toreo y proclamo que:

“Esto es la fiesta, la que honra a su historia, a los toreros valientes y a los toros bravos que han sido.
La que hace afición. (1)
La que queremos para quienes nos siguen.
La que muestra con luz cegadora la bravura cristalina de un animal fiero, que gana su vida en épico combate y que con total merecimiento vuelve, imperial, a la dehesa convertido en uno de los padres fundacionales de la nueva tauromaquia, única y verdadera. (2)
La que sin duda es la más importante y decisiva tarde en la carrera de una primera figura del toreo. (3)
La que debemos mostrar al mundo, urbi et orbi, orgullosos de su grandeza incomparable, para ejemplo y guía de un nuevo canon taurino. ”


Y así firmada mi declaración, una vez salvado de la pena de hoguera, me veo como Galileo en 1633. Negando con la cabeza y mascullando la famosa frase «Eppur si muove» («Y sin embargo se mueve»).

Lo siento, pero no puedo apuntarme a este espectáculo.

Un espectáculo en el que el único momento de verdadera torería fue la portagayola con la que ese hombre recibió al primer toro, suerte estéril donde las haya, que sirvió para iniciar y con la que finalizó una tarde que tenía obligación de haber sido más. Mucho más.

Y es que esto no es. Esto no es la fiesta. Esta será su fiesta.

Una fiesta a la que no se invitó al toro, no fuera a ser que apareciera y hubiera que explicar que hay otra fiesta que es de verdad:

Que cuando el animal tiene trapío y casta se agranda el espacio en los burladeros del callejón a medida que los cuerpos se encogen y se tensan.
Que cuando el animal tiene poder cobran sentido la lidia y los piqueros.
Que cuando el animal es bravo de verdad el torero suda por fuera y se seca por dentro.
Que cuando el animal tiene casta no permite distracciones ni perdona errores.

Se que hay una fiesta en la que sale este animal y que hay hombres capaces de torearlo. Y que cuando lo ves aquello no se olvida jamás.

Y así, en secreto, mascullando entre dientes digo que me apunto a esta otra fiesta:

La que no hay que explicar ni cantar. La de los hombres y los toros.

La que se explica sola.



(1) Cualquiera de los entrevistados durante la retransmisión. Prefiero no personalizar.

(2) Fernando Domecq ganadero de Zalduendo. Criador del toro “Taco” indultado en 4º lugar. “El toro reunía todas las condiciones para echarlo a las vacas”

(3) Alejandro Talavante en declaraciones a TVE

viernes, 30 de agosto de 2013

Parecidos razonables. La calidad de 2 toreros


- ¡Dime un torero!
- Diego Urdiales
- ¿Y no me dices Morante?
- No son tan distintos
- Tú estás loco
- Vale, pues lo estaré, pero a mi se me parecen

Esta conversación la tuve no hace mucho con un amigo y repasando las magníficas fotos que hizo Miguel Pérez-Adrados de la faena de Diego Urdiales al toro de Victorino Martín en Bilbao - no se porqué-  esta conversación me volvió de nuevo a la cabeza.
O tal vez sí.
Vosotros diréis.

Un concepto muy similar del lance con el capote

Los doblones de inicio beben de la misma fuente


En el toreo vertical las calidades alcanzan cotas para mí equivalentes
Con el mismo terno y en la misma plaza es difícil distinguirlos
El mismo concepto también al natural
No se puede torear más encajados y más naturales
Los ayudados por bajo y para finalizar...
El molinete volcado en la cadera




















































































La fiesta es injusta con algunos toreros y a veces, cuando desafortunadamente surge la oportunidad de cambiar algunas cosas, parece mentira que los empresarios vean tantas dificultades para cubrir algunas sustituciones.
 
Nota: Lamento no poder citar a los autores de las fotografías de Morante de la Puebla que han sido extraídas de diferentes páginas web y cuya utilización se hace en este blog con la finalidad de explicar 2 tauromaquias que considero extraordinariamente próximas.

sábado, 24 de agosto de 2013

Pañuelos de colores


Foto www.las-ventas.com
Escribía Corrochano que si se juntaran todos los buenos aficionados de España no serían suficientes para llenar un autobús. Por ello hablaba de lo necesarios que son el resto de espectadores que asisten a las plazas de toros que ni son entendidos ni por supuesto alcanzan la categoría de "aficionados".

Han pasado los años y todo eso sigue -a mi juicio - plenamente vigente hoy en día.

Gustan algunos “aficionados” de asistir a las corridas de toros provistos de pañuelos de varios colores – blancos y verdes - que agitan con vehemencia para hacer saber a la autoridad sus opiniones y propuestas acerca de cómo se ha de conducir el desarrollo del festejo.

Me parece bien y les animo a continuar.

Pero después de las últimas polémicas presidenciales de Madrid he leído opiniones de este estilo: "... el presidente cumplió con su obligación al desatender la petición de los autobuseros orejeros que había en la plaza frente a atender a las protestas de los aficionados que allí estaban y que, en definitiva, son los que van (y pagan, sea dicho de paso) todos los días…”

¿Cuál es la decisión correcta?

Cometemos un error de bulto los aficionados si creemos que ocupamos una posición de superioridad frente al resto de espectadores.

No nos confundamos: en una plaza de toros "sólo" hay toros y toreros en el ruedo y espectadores en las gradas.

Cada uno con su criterio y con sus motivaciones. Cada uno con sus conocimientos o desconocimientos, pero todos con una entrada en el bolsillo y un pañuelo para dar su opinión. Y todas cuentan o deberían contar por igual a la hora de valorar el éxito de los toreros.

Acaso algunos serían felices si en la taquilla al retirar su localidad se obligara al espectador a responder un pequeño cuestionario y, en función de sus respuestas, se le asignaran pañuelos de colores diferentes:

Blanco con leyenda “orejero” si ha venido en autobús a animar a su torero. Cuenta por uno.

Amarillo con leyenda “superior” si viene de comer rabo de toro y tomar café con un ganadero y los directivos de una peña. Cuenta por 10.

Burdeos con leyenda “élite” si sabe resolver acertadamente el sortilegio de cómo quedarse completamente cruzado con el toro para ligar el tercer muletazo de cada tanda. Cuenta por 100.

Sería fácil un cómputo cromático y la aplicación por el presidente de una fórmula polinómica que hiciera un cálculo preciso y exacto de la decisión a tomar.

Tal vez hubiera que arrimar una nueva silla en el palco presidencial para que la ocupe el “asesor estadístico”. No sería esto un problema sino una forma esta de crear nuevos puestos de trabajo entre matemáticos y universitarios cualificados. (Dejo ahí la propuesta).

Quiero para mí el pañuelo blanco y huyo de aquellos aficionados que para afimar su condición de élite cavan con su intransigencia y desprecio la fosa en la que deberían recluirse, expulsados de las plazas, la masa de ignorantes y patanes.

Dejémonos de historias. El reglamento es sabio. La fiesta es del pueblo:

Al presidente le cabe la obligación de evaluar si la petición es mayoritaria o no a la hora de conceder la primera oreja. Ya impondrá su criterio y el rigor de la plaza en la concesión del segundo trofeo.

A los aficionados nos cabe la responsabilidad de expresar nuestra opinión y con nuestra actitud en el tendido y nuestros argumentos tratar de extender el conocimiento entre el resto de los espectadores con la ilusión de que tal vez algún día seamos capaces de llenar otro autobús.

Si en alguna ocasión el precio a pagar por ello es que algún joven novillero mantenga su ilusión y la de sus paisanos me apunto con gusto a pagarlo.

sábado, 17 de agosto de 2013

¿Indultos?

Tal vez no sea justo pero creo que es necesario ser más exigente con quien más se admira.
Es el caso de la ganadería de Victorino Martín.
No creo ser una excepción si digo que al hacer balance de los toros importantes que guardo en mi memoria de aficionado aparecen una enorme cantidad de toros de esta ganadería.

Pero todos ellos tenían una primera parte común que era su presentación impecable, luego venía su casta, su bravura y todo lo demás.

Pero hay algunas cosas que han cambiado y francamente me disgustan, aunque tal vez no sean del todo nuevas en esta ganadería.

Lamento no recordar el autor del artículo para poder dar la cita precisa, pero ya hace años se escribió acerca de la presentación de las reses de esta ganadería aquello de que "no todo lo que pare vaca debe llegar a toro".

Y la gota que colma el vaso es el titular que aparece en su propia web calificando de histórica la tarde de Vitigudino.

La web de Victorino Martín siempre tuvo una sección con la opinión del ganadero en la que se hacía un meritorio ejercicio de generosidad hacia el aficionado con unas opiniones honestas, realistas y equilibradas sobre el juego de sus reses. Los aficionados aprendíamos de ello.

Últimamente se ha incorporado una sección con titulares y reseñas impropias, llena de autobombo y que ha perdido el criterio y rigor en la opinión y percepción de la fiesta. Los aficionados huimos de ella.

Pero, en fin, a lo que íbamos. Hace años pregunté a Victorino Martín Andrés su opinión sobre porqué su ganadería tenía, frente a otras un corto historial de indultos. Su respuesta fue la que yo esperaba: el indulto se ha de reservar para el toro que lo merece de verdad por trapío y comportamiento y éste muchas veces en la plaza no puede apreciarse realmente con un sólo puyazo y una lidia poco exigente.

¿Qué ha pasado en esa casa para que se califique de "histórica" una tarde en la que se indulta un animal que por presentación y trapío nunca debió llegar a toro y que únicamente entró una vez al caballo?

¿Serán estos los reproductores sobre los que se construya el futuro de la ganadería?

Esclavino Indultado en Vitigudino


Melenudo Indultado en Úbeda

Definitivamente, no puedo aceptar que todo lo que pare vaca deba llegar a toro, y menos a semental en una ganadería de leyenda.

miércoles, 31 de julio de 2013

Controversia, discusión y enseñanza


En una de las primeras entradas de este blog escribí que “… enfrentar el desafío de torear, solo, sin ayudas, sin excusas, conlleva -en la mayoría de las ocasiones- asumir el más que previsible naufragio. Supone para mí, sin embargo, un verdadero y necesario ejercicio de sinceridad plena”.

Por eso he querido escribir esta entrada.

Porque en las últimas ocasiones en las que he toreado he sentido íntimamente la necesidad de profundizar en otra dimensión del toreo.

Sin la capacidad –ni la voluntad- suficiente para reprimirme he asumido el riesgo de irme detrás de un impulso instintivo.

¿Se torea como se es?

Al margen del pobre resultado alcanzado he percibido como de inmediato ha surgido la llama de la controversia entre algunos de los compañeros que me acompañan en esta aventura de descubrir qué es torear.

Las opiniones, divergentes, encuentran no obstante su punto de encuentro entorno a la pregunta:

¿Qué es lo que buscas?

He tenido recientemente la ocasión de leer un artículo del gran aficionado que es José Morente en su blog La Razón Incorpórea titulado “Las dos líneas del toreo. ¿Conocimiento de las reses o de las suertes?”

En él he encontrado la vara de luz que permite entrever entre la nube de dudas algunas respuestas.

Escribe José Morente que

“… la clave que permite explicar las relaciones de fondo de unos diestros con otros no son sus planteamientos técnicos ni los formales, sino su forma de enfrentarse a los toros.

Habría por tanto, dos tipos de toreros a la hora de plantear el enfrentamiento con el toro y que responden a dos conceptos básicos del toreo.

El primer tipo lo compondrían aquellos toreros cuyo concepto y manera de entender las cosas pasaría o exigiría intentar imponer su toreo al toro, a todos los toros.

El segundo planteamiento estaría compuesta por los toreros que consideran imprescindible adaptar su toreo a las condiciones del toro”.


Nótese como – acertadamente- no presenta estos planteamientos en términos de superioridad sino en términos de contraposición de ideas opuestas y por tanto de competencia.

Para la discusión os planteo mi idea de que la base del toreo se cimenta en la competencia y esta no surge de la expresión estética sino de las actitudes de los toreros en su forma de enfrentarse al toro y al hecho de torear.

Pero la actitud del torero está absolutamente condicionada por su conocimiento del toro y por su dominio de la técnica de torear.

Y en mi recorrido de aficionado nuevamente surge la pregunta:

¿Qué es lo que buscas?

Y la respuesta principal no cambia: “No sólo busco aprender a torear sino descubrir qué es torear".

Y, puesto que os prometí sinceridad, os digo que en el camino voy descubriendo cosas:

El torero, tal vez no siempre es dueño de elegir la actitud con la que se enfrenta al toro. Al principio uno se adapta como puede a las condiciones del animal. Pero hay un momento en el que descubres la posibilidad de imponerte al animal y tu actitud cambia.

Es en ese momento cuando sientes un vértigo que por momentos te vacía y notas por un instante que tal vez te asomas a lo que de verdad es torear.

Y los riñones se te hunden, y el paso adelante no cuesta y el empujón no importa y quieres arrancarle la bravura al animal y parártelo en la barriga para decirle, empapado en sudor, que finalmente le venciste.

Y de aquí surgen varias enseñanzas:

Ya sé que aquí está el peligro de atropellar la razón y que el planteamiento técnico y formal no son los adecuados, ni siquiera a mí me gustan.

Ya sé que otros dominaron por completo al toro a fuerza de llevarlo largo, roto y por abajo. Y que ese es el camino.

Ya sé que queda tanto por aprender…

domingo, 30 de junio de 2013

Vacaciones de Verano

Ayer, con un nuevo tentadero, celebramos en la Plaza de Toros de Tudela de Duero nuestra fiesta de fin de curso. Con ella damos por terminada la primera parte de nuestra temporada e interrumpimos nuestras clases hasta el mes de septiembre.

Comienzan las vacaciones de verano y con ellas se abre un paréntesis para el descanso.

Es hora de abandonar la arena y recuperar nuestro lugar en los tendidos para disfrutar del toreo de los profesionales.

Estoy seguro de que con lo aprendido todos sabremos valorar el mérito de aquellos que, vestidos de luces, entregan lo mejor de sí mismos para nuestro disfrute. Era uno de nuestros objetivos principales.

Quiero una vez más felicitaros a todos por los progresos realizados y pediros disculpas por los errores cometidos.

Y por supuesto no me olvidaré de reconocer y agradecer la colaboración de quienes han hecho posible esta temporada:

A los ganaderos César Mata y Pepe Mayoral que han puesto a nuestra disposición la bravura de sus reses.

A los toreros que nos han regalado consejos y ayudado en los tentaderos, Pablo Santana, Mario Campillo, David Picón y en un lugar muy especial Gerardo Rivera que se ha multiplicado para acompañarnos en las clases de salón y nos ha librado de mil sustos en las clases prácticas.

A los amigos, con los que tal vez no hayamos sabido corresponder como merecen, en especial a Juan Ángel Sánchez García y José Manuel Serrano.

Intencionadamente he dejado para el final a Roberto Aguado para el que no encuentro las palabras que hagan justicia al ejemplo de afición, dedicación y generosidad que nos ha dado a lo largo de este curso.


Para finalizar os dejo un resumen de nuestro tentadero de ayer.